Y vamos por la vida algo así como unos boludos con un tachito a cuestas en el que tiramos las emociones que son temporalmente descartables, las que luego devolverá el río para cobrarse las deudas del corazón. Con interés, claro. El río no es boludo.
(y supongo que tampoco lo es esperar finales felices)
mel, 28/05/08
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