"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas."

Ernesto Sábato.

miércoles, 28 de mayo de 2008

SOY TERCA.

Una de las paradojas más inoportunas es la de soportar lo que no sabemos soportar.
Y vamos por la vida algo así como unos boludos con un tachito a cuestas en el que tiramos las emociones que son temporalmente descartables, las que luego devolverá el río para cobrarse las deudas del corazón. Con interés, claro. El río no es boludo.

(y supongo que tampoco lo es esperar finales felices)






mel, 28/05/08


Safe Creative #0907144122226

domingo, 18 de mayo de 2008

Quizá sólo dure un segundo este sueño, pero, sin duda, habrá merecido la pena.

domingo, 4 de mayo de 2008

domingo

Cierra los ojos, como creyendo que sus movimiento desvanecen el hilo interminable de lágrimas, que más que lágrimas son estallidos, que traen consigo el desgarro que inevitable aniquila cada espacio que toca. ¿Por qué darle rienda suelta a la tragedia así? Cierra los ojos, como olvidando la guillotina de sus sueños, que es ella misma, que escala ruinas que no debe alcanzar. Cierra los ojos perfilando la deriva.
Y desea.
Con todo su ser, desea.
Devastar los caminos prófugos en un retrato de sí misma y poder continuar. Jamás sucumbir ante la apatía que la sofoca. Estirar la mano y encontrar por fin otra mano y emprender la tarea de cuidar al corazón. Y que la quieran. Tal cual ella es, que la quieran...

-04/05/08-

Safe Creative #0907144122219

viernes, 2 de mayo de 2008

rajemos

Entre cafés y pretensiones ella revolvía la mar en coche de su cartera, en busca de -entre ninguna- y ochocientas cincuenta y tres mil razones para levantarse a la mañana: las monedas extraviadas que subsistían al infortunio de la soledad, las llamadas nunca hechas a números en absoluto acertados, las pastillas rancias sin recetar, algún que otro perfume a mar, quince tarjetas de incrédito sin fondos, unas identificaciones sin refutar; unos cuantos expedientes de alegrías abucheados en la billetera de su reminiscencia, otros tantos escondidos tras viejas facturas de secretos involuntarios; bolsillos plagados de solsticios oxidados, sin tanto más que esperar. ¡Qué tanto tabaco había de abundar!, hallaba más silencios que respiros. Un momento más (y el reposo de la mano). Un desliz de superflua imperturbabilidad, aquella que acarreaba su cierre roto. Pupilas desenfocadas, y pronta desesperación. Ella salía corriendo, había demasiadas razones para pirárselas.

MRA.

30/04/2008, 20:27.

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jueves, 1 de mayo de 2008

éxodo


Nos toma tal vez 47 segundos descubrir que estamos perdidos. Comienza entonces la decadencia unánime hacia las hojas secas, la cama vacía, el corazón fibrilante de impaciencia, la vela consumada, el despecho por lo ausente.
Nos toma quizás más que eso desentrañar el motivo de este instante clandestino, que sin embargo plasma sin remedio su agonía en nuestro presente y nos conduce a un sendero tedioso de cenizas incalculables. Con los pies en el lugar de las manos pronto comenzamos a arrancar inútilmente los presagios de amaneceres y al pasar enterramos alfileres de desperdicios.
Sin embargo, no nos toma más de cien años parpadear un par de veces. El renacer está en la bocanada de perpetuidad: consagrarse al fin como un ser defectuoso y afortunadamente sensible.




1/2/08