"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas."

Ernesto Sábato.

sábado, 31 de julio de 2010

ma qué tanta histeria

Primero que nada, me molestan los hombres que no se bañan o se bañan poco.

Me molestan los hombres impedidos emocionalmente y los excesivamente sensibles también.

Me molestan los hombres que me entienden.

Me molestan los hombres tacaños, y a los que el dinero les duele profundamente (que no es lo mismo que ser rata) (de lo cual tomaré nota por si nos peleamos y nos volvemos a ver, llorá con billetes las lágrimas que yo).

Me molestan los hombres que pagan todo y lo disfrutan demasiado.

A propósito, un hombre que no es caballero no es hombre. Es lacra.

Me desmotivan los hombres que les pinta convertirse en Caniches Toy en celo durante la cita. Ni tigres, ni pumas, ni salamandras. Caniches.

Me molesta la inversión de roles entre el hombre y la mujer, pero más me molesta que existan tales cosas como "los roles" en una relación.

Me molestan las etiquetas y los hombres de etiqueta y los que aspiran a una etiqueta también.

Me enerva la gente que no se ríe. Más me enerva que eso me provoque esforzarme en hacer chistes, que cuanto más empeño les pongo, peor me salen.

Me molestan los hombres que hacen cosas que no les nacen, solo porque piensan que a tus ojos, van a quedar bien. Me molesta que piensen que no te vas a dar cuenta.

Me molestan los hombres por demás dominantes, porque para dominante estoy yo. Más me molestan los hombres que se dejan dominar.

Me gusta saber que, cuando le pregunto a un hombre en qué piensa y contesta "en nada", su respuesta es totalmente sincera. O a lo sumo será "en tu culo", "en el doparti de mañana", "en tu sonrisa", según clasifique en caballero o lacra, o un poco de los dos. O no.

Más me gusta poder estar silencio con un tipo y que eso no represente un momento incómodo para los dos, sino que al contrario, sea un momento memorable.

Me molestan los hombres-dotto, me fastidian sus poses y la fantasía de que permanentemente los enfoca una cámara. De igual manera me hastían aquellos cuyo propósito es carecer de pose alguna y eso los vuelve posadores también.

Me enferma la imbecilidad del hombre.

Me enferma la imbecilidad de la mujer que quiere a un hombre.

Me enferma el circo tragicómico por el que pasamos buscando algo parecido al amor.

Me molesta cualquier persona que no piense que el poder lo tenemos las mujeres. Me irrita de cualquier manera, que se considere que hay algo como un “poder” sobre otro.

Me impacientan los hombres que piensan demasiado en el amor: qué es, cómo se identifica, qué te provoca. Más me fastidian aquellos que no se lo permiten, como si el amor fuese algo de lo que algunos están exentos.

Me enferma el principio de finitud que rige cualquier encuentro, que sin embargo, ha de quedar clavado con una chinche al caucho de tu recuerdo.

Me complican las frases tales como “hablamos en la semana”, me molesta la falta de disimulo alguno de la prominente mentira que esas palabras crean. “No nos hablamos una mierda” me molestaría bastante menos. Un mensaje a los dos segundos de haber bajado de su auto, es lo peor que hay.


Me molesta que me pregunten, ¿qué le ves? Todo le veo, desde el primer hasta el último punto de la lista, pasando por cada borde enfermizo, uno por uno los detalles de su persona que te provocan escribir listas, que te provocan replantearte: “Sí, de verdad ¡¿¡¿ QUÉ LE VEO?!?!” y terminar entendiendo que punto por punto, borde por arista, detalle por entero, TODO DE ÉL TE GUSTA.



mel,

miércoles, 28 de julio de 2010

ni un umbral



Ni estoy ni sigo esperando: se terminó ese vilo prendido de la solapa de mi cuello. Prefiero tomarme de un batacazo la copita del tiempo y así emerger de esa recta incorruptible que nos corrompe con solo estar presente, que fija una concepción única y lineal del tiempo, que es como decir que la luna tiene una única forma y color; como si decir que las cinco y cuarto es el tiempo no fuese como tomar algo y moldearlo según lo que quepa en mi cabeza. Algo así como enamorarse, como tomar del otro lo que quepa en nuestra cabeza y lo demás no poder entenderlo, sin saber que el otro es lo que es, y que eso nuestra mente no lo puede desmembrar, cortar, clasificar y pegar según el orden que le plazca…
Ni estoy ni sigo esperando, ni me enamoro ni dejo de estarlo: soy todo el tiempo, que la oscuridad es ausencia de luz, y el principio y el final es una misma cosa.


mel,

viernes, 23 de julio de 2010

a lavarse la boca antes de proyectar...

Entiendo que hoy en día se piense a la mujer como un ser complicado e intrincado, y que hay una tendencia a posar miradas pesimistas hacia el hombre también. Y no digo que esto no tenga sustento en la realidad, porque creo que de hecho lo tiene, pero se presenta una cuestión que personalmente me sulfura. Puedo ser una mujer abismalmente enredada, eso puede ser. Puedo gozar de condiciones cuasi patológicas, pero a ver, ¿quién no? Me dan ganas de gritar muy a lo adolescente ¡¡QUE NADIE ME ENTIENDE!!

Hay cosas que simplemente son porque son. Yo quiero esto porque lo quiero y porque sí. ¿No puede ocurrir que una persona enmarañada simplemente quiera porque quiere? Y en definitiva, yo te amo, y ahora, ¿por qué te amo? Porque sos excesivamente: atractivo, inteligente, y/o inserte sus cualidades predilectas (o en su defecto las de su padre, o las del antiedipo hacia su padre). ¿Y por qué eso te gusta? ¿Por qué es E S A la combinación explosiva que lleva a la conquista rotunda? ...¡¡PORQUE SÍ!!

Y yo podré ser Melina la ininteligible, pero yo te quiero, y te quiero porque sí, y eso no es algo que recaiga sobre mi ininteligibilidad. Más bien en que uno elige y apuesta, y eso puede responder a una Señora Estupidez Suprema o simplemente ser una muestra incomprensible de amor…¿Quién sabe?



mel,

lunes, 19 de julio de 2010

bla bla bla

Me aturde la voz del pelotudo del notero que se escucha de fondo, que tal vez no sea ningún pelotudo pero el ruido me exaspera y entonces lo convierto a él en un pelotudo. El ataque de migraña es inminente, me pateó el hígado nivel kung fu. Creo que ni falta que hace que exponga que detesto profundamente la televisión. No, no miro botineras, no tengo idea qué hay en Canal 13 a las 8, estoy excluida de ciertas situaciones sociales porque de Fort y Pachano conozco lo que me comenta mi abuela cuando almuerzo en su casa y de eso entiendo un octavo de oración, y gracias que recuerdo sus nombres. Puedo citar un día allá por el primer cuatrimestre de mi segundo año de carrera, los 15 minutos previos a entrar al parcial de comercial. Debates, señores, y de los buenos: ¡¿¡¿QUIÉN MATÓ A NOMEACUERDOQUIÉN?!?! Soy de la puta oligarquía y solo miro series yankees y el forro que tiene el poder sobre el control remoto no tuvo mejor idea que poner…la lacra.
Al margen de eso, me siento mal. Me siento mal y llueve y hace frío y quisiera por hoy, solo por hoy, la presencia de un hombre sin cara con quien pueda quejarme animosamente, lo cual va a resultar algo encantador para él: me va a abrazar, por ahí unos besos en el cuello, incluso en mis mofletes frondosos.… Un hombre sin cara y sin nombre, un hombre por hoy y sin después. Más que nada sin después.



mel,

domingo, 4 de julio de 2010