"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas."

Ernesto Sábato.

jueves, 24 de febrero de 2011

preámbulo

Haciéndole honor a un Jorge Luis, me hallo de vuelta buscando que la verborrea de este triste instante lo vuelva menos triste, más decoroso y tal vez un tanto mejor parado, ya que hablar de belleza sería ya cosa de Jorge Luis.

Quisiera lograr describirlo, y así desvestirlo Señor instante, para que sienta lo que yo siento cuando usted me embiste. Señor instante, tan falto de cortesía, tan definidor como insaciable, tan nada en sí mismo y tan doliente para mí. Señor instante, tan bien trajeado, tan bien armado y tan inapelable, tan engominado y bonachón.

Podría decir tantas cosas sobre usted, Señor instante, a fin de que se sienta despojado y abandone sus vestiduras y me las devuelva a mí.

Hagamos las paces, Señor instante, le seré franca: Señor instante, yo no quiero volverlo más decoroso, ni dejarlo ni un tanto mejor parado. Lo quiero menos triste y menos desnudador.


24-2-11 

mel,

domingo, 6 de febrero de 2011

Que sepas nomás que el que vos y yo no funcionemos no está escrito en ninguna parte. No neguemos la ceguera, pero sigamos ciegos para poder ver...



Que vos y yo no funcionemos no está escrito en ninguna parte, ni sujeto a condición inverosímil alguna.  Vos y yo lo escribimos, en tal caso, con nuestras acciones. Lo reconfirmamos una y otra vez como el viento que no se da por vencido a ser vencido, siendo que la victoria no se traduce en recordar y temer ese estar juntos, a regañadientes, a las patadas, al querer escribir sobre lo escrito.

Que vos y yo parezca una utopía no está escrito en ninguna parte. Será tal vez ese miedo a la revancha, a levantarse y renacer, a saber dar y cómo darlo, a concebir la revancha con todas las de ganar.

Que sepas nomás que el que vos y yo no funcionemos no está escrito en ninguna parte. No neguemos la ceguera, pero sigamos ciegos para poder ver... 


mel,

sábado, 5 de febrero de 2011

ay carajo

Interpelación: ¿por qué la cotidianeidad instalada hoy en día en materia de relaciones sentimentales me recuerda tanto a un sábado bien de madrugada protagonizado por un aguerrido juego de TEG?

No puedo quitarme la sensación de estar debatiendo "El arte de la guerra" cada vez que charlo sobre algún tema amoroso, ya sea propio o ajeno.

Es decir, ¿desde cuándo, y más que nada, POR QUÉ se le dio a la gente por escribir el Trafalgar de la historia de su vida cada vez que salen con alguien?

¿Por qué tanta estrategia? Porque así, mi primer instinto es sentir que querer a alguien me enjaula en cálculos de la derivada de k menos la raíz cuadrada de x por un te quiero. ¿Cabe tanta estrategia en algo que debiera liberarnos como es el amor?


mel,