Me encandilaba entre sales y vallas
entre estíos y tapujos
que entre redes y fallas
nunca asomaban
de entre las cuatro paredes de tu frente.
Coaguló el temor pronto a nacer
de certera guadaña
vaciada con una sola herida:
cinco fibras hechas ceniza
indican estéril síncope de una herida de ardor.
No hay quien revele;
no puedo concebir quién soy
ni a quién buscás en mí
ni a quién encontrás en otras.
mel,
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