"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas."

Ernesto Sábato.

miércoles, 6 de octubre de 2010

allá por un septiembre del dos mil algo ocho...


Perdí la guerra y tengo náuseas. Hace un par horas que el tiempo no pasa, si alguien es capaz de creer esa aberración.  Hace algo más que un par de horas que no sé decir lo que siento, y hace un poco menos que te empiezo a extrañar.
Es que esta perversa rutina y este círculo de abandono no me piensan abandonar.  No te sientas importante, no es la primera vez que me pasa, pero vos sabés…Ya nada es igual.
Nunca nada es igual cuando te conquistan las derrotas, cuando aprendiste a no ganar. Si nadie sabe que soy guerrera, ¿quién me condena a fallar? ¿A qué absurdo le debo mi obediencia debida, por qué implausible destino me dejé gobernar? “Que gane el quiero la guerra del puedo”, que empiece en este minuto a olvidar.
Olvidar, por definición es imposible, y por Melina, 15 veces imposible.  Olvidé en la vereda de tu casa que yo no te quise; dos metros antes de volver a tropezar, apenas un segundo antes de caer de boca al suelo y que me salude, sonriente, el golpe de no poderte abrazar. Soy torpe, lo saben, todavía no aprendí a saltar.
Gané en caricias, gané en suspiros, gané en todo menos en ganar. Pero soy torpe y soy guerrera y me propongo esta noche olvidar, y esta será, como todas, mi batalla final (ya no quisiera volver a comenzar).




mel,

No hay comentarios:

Publicar un comentario