
Un alud sin pausa reitera mis horas, me indica sin rodeos que no puedo sin vos.
Entonces voy a acariciar cada día de mi vida tu recuerdo en mi alma, inamovible y vital.
Voy a cerrar sin más mis ventanas y escupir mil veces al cielo. Cuando todo vuelva y toque fondo (y admito que cada instante se parece mucho a eso) voy a despertar.
Y voy a salir.
Voy a desenterrar eso que siempre estuvo, y voy a llamar a los mil amaneceres para decir que yo conocí un hombre sin fronteras. Y voy a gritar “¡GRACIAS!, marcaste para siempre mi existir.¡Y Arriba, que cada momento, es momento de ser feliz…!”
mel,
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