Repaso en este intrincado strudel de infortunios que se dice llamar mi mente los motivos por los cuales estoy hace dos horas llorando en el boulevard de Elcano y Zapiola, intermitente de miradas intrigadas, asqueadas (des)motivadas de los transeúntes; ¿qué hacen mosquitos acechándome en pleno otoño?
En algún momento dentro del lapso de este relato terminé escribiendo lo que imagino que alguien imaginará en un anotador de pie y caminando hacia mi casa.
En mi casa daré cuatro vueltas a la cerradura de la puerta y ahora me río, los pintores de mí se ríen, y yo me río más fuerte: una puerta de hierro entrecruzado, incorruptible, impenetrable es la que separa el pasillo del baluarte familiar. ¿Quién sino una manga de puertas entrecruzadas incorruptibles e impenetrables que tal vez se permiten, de cuando en cuando, alguna mirilla (que de paso, está fuera de foco) habrían de imponer una pieza cuasi arquitectónica de ellos mismos? Una casa con puerta blindada y ventanas de doble vidrio hermético. El tema es este. Ese fortín es mi familia.
En este momento me dirijo a la fábrica en Villa Martelli al encuentro de esas personas que te ponés o dios te pone o nadie o nada te pone o no se pone en tu camino, en el asiento de al lado del cbc. De esas a quienes mandás una señal de desesperación en forma de humo y después le llevás un alfajor, como si ese alfajor pudiese demostrar la gratitud de quien vive en un fortín, como si llegara retribuir un salvataje, que viene en forma de encuentro, de bailar con barro del mar muerto en la cara alguna canción de travolta, que te deja volviendo en un bondi con luz violeta o la rodilla negra, y eso que te sampa una sonrisa.
Del boulevard me queda la contractura, la boca seca, la desesperación, la tierra en las zapatillas y un cúmulo de lágrimas por llorar. Infiltrale melancolía a la rutina, o viví la melancolía como rutina.
mel,
Uh me llegó muchisimo la última frase q escribiste: "Infiltrale melancolía a la rutina, o viví la melancolía como rutina"...
ResponderEliminarTe sigo, Saludos
la estoy pasando como el orto , es la frase mas sincera y sin vueltas que escuche hasta el momento
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