"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas."

Ernesto Sábato.

viernes, 2 de marzo de 2012

Interpelación (canalizando frustraciones)





"(...) Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amàs
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caìda la fuga..."
"Para leer en forma interrogativa", Julio Cortázar.


Aproximándose el último mes del año, y llegando a su fin el ciclo lectivo, hay una cuestión que sin embargo, lejos está de clausurarse en mi mente.

Existe una situación que a mi parecer, si bien nos compete a todos desde el momento en que ingresamos en esta prestigiosa Casa de Estudios, no siempre se pone de manifiesto. Dicha situación no solo ha generado en mí intensas reflexiones, sino que también me ha convocado a manifestarme al respecto, desde mi lugar de alumna, con la ilusión de despertar en mis compañeros un envión que llame a la reflexión, si no por las mismas razones que a mí, por otras; pero más que eso, que nos planteemos o replanteemos qué lugar sentimos que merecemos como alumnos, qué límites nos parece razonable que se determinen, qué expectativas y anhelos tenemos de un curso, de un profesor. En otras palabras, qué es lo que esperamos de nuestra educación, y qué esperamos hacer nosotros con ese trayecto, y no únicamente qué es lo que esperamos de nosotros mismos luego de finalizado ese recorrido. Es que además de entenderme afortunada por tener la posibilidad de estudiar una carrera en una Universidad pública y gratuita, también concibo que una manera trascendente de hacerle honor es involucrarme con ella, y al mismo tiempo, revalorizar mi lugar de alumna. Asimismo, es mi intención que a través de este testimonio se pueda realizar algún aporte beneficioso a los fines de mejorar nuestra enseñanza, a nosotros como estudiantes y por qué no, también como personas.

A lo largo de los casi 3 años que llevo de carrera he tenido la posibilidad de presenciar clases a cargo de diversos profesores. Entre estas clases han habido diferencias, algunas de las cuales no han significado provechosa diversidad, sino, a mi pesar, escenarios en los cuales como alumna me supe perder. Me he hallado desencontrada, en primer lugar, con las expectativas y exigencias del profesor durante los exámenes, que no se condecían muchas veces con la profundidad o extensión de las clases. Dicha circunstancia, a saber, la gran pretensión del profesor, lejos de haber encarnado un desafío académico personal, desembocó en este desencuentro principalmente dado por la falta de motivación que esto me generaba. Creo que la diferencia entre exigencias que motivan y aquellas que no, radican en ese punto en el cual el alumno se halla, o no, anulado. Hacer hincapié sobre esta asunto considero es de suma importancia. Puedo entender como estudiante que los temas a cultivarse durante un curso pueden llegar a ser extensos, prácticamente imposibles de abarcar en el tiempo con el que se cuenta, dada la profundidad y trato que merecen. Considero vital en consecuencia que se concedan las herramientas suficientes y adecuadas para que el alumno pueda profundizar dicho tema, y del mismo modo, se lo oriente e incentive a que lo haga por su cuenta, pues quién puede desempeñar mejor la tarea de orientar e informar que aquel que ha curtido ese camino en carne propia y posee conocimiento de causa suficiente para implantar en el futuro abogado el estímulo trascendental para la formación de un criterio jurídico; una semilla de inquietud sobre bases sólidas. Asimismo, que jamás se lo prive de conocer otras opiniones con respecto a un tema, que se le pueda exigir que las conozca y sepa reproducir, analizar y exponer, pero que siempre se le dé la libertad de tomar la que quiera, no condicionándolo con enfoques de las cátedras. Y en relación a esto se presenta el interrogante sobre ¿cuáles límites van a ser razonables en cuanto a las pretensiones que pudiese tener un docente respecto del conocimiento del estudiante sobre una postura en particular? ¿Se le puede exigir que las aplique? ¿Con qué extensión? Y es aquí donde entra a colación lo sustancial de no anular al alumno: desde no invalidar su subjetividad, sino fomentarla a la par del otorgamiento de bases jurídicas. De la misma forma, frente a la existencia de posturas encontradas, hacérselas conocer para que luego adopte la que juzgue  más acertada o formule nuevas, pero sin perder nunca de vista que lo esencial no radica en qué postura que acoja, sino en su posibilidad de adoptar una y lo primordial de que lo haga por sí dentro del marco legal, jurisprudencial y doctrinario, situación en la que se pondrán en juego las herramientas proveídas por el docente y las propias del alumno.

Mis experiencias me han estimulado y de alguna manera determinado a obtener una enseñanza. Luego de una introversión sobre lo antes expuesto, empiezo a definir qué expectativas tengo de mi educación, y de a poco también, como profesional. No quedarme con ciertas situaciones solo por el simple hecho de que “así son” y que en un principio “nada puede hacerse al respecto”, sino por el contrario, poder indagar y por tanto determinar qué es lo significativo y qué puede mejorarse, evitarse, o escogerse; si no es hoy, poder contribuir para que así sea en un futuro. Quisiera entonces invitarlos a discurrir sobre estas cuestiones y a que definan e identifiquen sus prioridades y concepciones.

Recuerdo con afecto y mucho respeto a aquellos profesores que han intervenido en el largo trecho hacia convertirme en abogada, pero antes que ello, en estudiante de abogacía, con capacidad de análisis y de crítica. A los que han procurado que mi aprendizaje supere un simple cronograma de clase y se amplíe consecuentemente dentro de mí al abandonar el aula. Docentes que no han perdido de vista el objetivo de formar buenos profesionales a la par de instruir sobre una materia curricular. Y por qué no, a los que han favorecido el afianzamiento de esta concepción, mediante la omisión de lineamientos fundamentales. Teniendo claros estos puntos, no puedo sino sentirme más cerca del profesional que quiero ser algún día.







mel,

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