Haciéndole honor a un Jorge Luis, me hallo de vuelta buscando que la verborrea de este triste instante lo vuelva menos triste, más decoroso y tal vez un tanto mejor parado, ya que hablar de belleza sería ya cosa de Jorge Luis.
Quisiera lograr describirlo, y así desvestirlo Señor instante, para que sienta lo que yo siento cuando usted me embiste. Señor instante, tan falto de cortesía, tan definidor como insaciable, tan nada en sí mismo y tan doliente para mí. Señor instante, tan bien trajeado, tan bien armado y tan inapelable, tan engominado y bonachón.
Podría decir tantas cosas sobre usted, Señor instante, a fin de que se sienta despojado y abandone sus vestiduras y me las devuelva a mí.
Hagamos las paces, Señor instante, le seré franca: Señor instante, yo no quiero volverlo más decoroso, ni dejarlo ni un tanto mejor parado. Lo quiero menos triste y menos desnudador.
24-2-11
mel,
No hay comentarios:
Publicar un comentario