"Un buen escritor expresa grandes cosas con pequeñas palabras; a la inversa del mal escritor, que dice cosas insignificantes con palabras grandiosas."

Ernesto Sábato.

sábado, 13 de marzo de 2010

AFLOJÁ

Me di un porrazo reluciente en el medio de la jeta. Ahí fue cuando me di cuenta que correr a esa velocidad en dirección al punto ese de mierda no era una buena idea. Pero qué carajo, ahora llevo la cara lacrada con un escracho inconfundible: el escracho del que corre por correr, del que no levanta la vista, del que padece de extremidades que operan por inercia. En otras palabras, de un flor de pelotudo atolondrado. Digo, un ‘flor’ de pelotudo. Ni un árbol de pelotudo, ni un organismo compuesto por célula procariota de pelotudo. Hablo de ‘flor’, transpolo a mi vida lo que algunos llaman ‘la flor de la edad’; y sí, ¿sabés qué? estoy en la plenitud de mi pelotudés. Entonces soy un flor de pelotudo. Al margen de eso, es decir, si puede un pelotudo dejar de lado su pelotudés. ¿Puede uno ahogar esa inercia de correr y correr, y correr, y correr…y corr...er? Porque ya ni me acuerdo quién me dijo que de arrancar mi vida dependiese, así como para que a mí se me dé por hacerlo sin importar qué. Entonces aquí me encuentro, preguntándome qué incierto me llevó a fijar un punto de mierda, dirigirme hacia él, por un camino que no veo, con un sentido que no veo y perderme. Y para colmo, con un escracho en la jeta. Pero ni como el de aquel que no busca y no encuentra, ni el que busca y encuentra. Sino como aquel que quiere volver.

13-03-2010

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