
Llegado el momento, ¿quién no se pregunta hacia adónde va?
Siempre creí que nuestros caminos en algún punto toman la forma de una telaraña. Hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados. Tomemos la dirección que tomemos siempre nos vamos a topar con un nudito: los hay grandes, medianos, pequeños. Y el tránsito por esa telaraña está regido únicamente por nuestra voluntad. Una misma decisión puede delimitar distintos caminos. Y uno puede volver hacia atrás sobre esa elección. Siempre se puede volver al punto de partida.
Me aterran, sin embargo, las personas que, cual cangrejos bomba de tiempo, caminan hacia atrás. De hecho, no eligen nada, simplemente transitan la inercia de vivir del pasado. Volver sobre los pasos, una y otra vez. Sobre los buenos pasos, los malos. Me niego a creer que el pasado sea mejor que el futuro. Yo creo que se quedan pegados en la telaraña.
Admiro, por otro lado, a quienes anidan en su corazón una multiplicidad de pasos bien dados, de momentos vividos. Esos son de los cangrejos sabios.
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