
De golpe, me sacude una certeza. Súbitamente, una realidad ficticia patea el banco de la posteridad. La soga ahorca al tiempo, y en un estallido todos nos volvemos uno. No somos súbditos del rey tiempo, no respondemos a una realidad. Somos, quizás, el eslabón en una cadena interminable de posibilidades, de condiciones y sensaciones latentes en el universo de la tentación.
Mi eslabón está unido al tuyo: una cadena infinita de felicidades.
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